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Perder peso a través de la «Real Food»

A todos nos gustan las tapitas, el pescaíto frito, las cervecitas pero claro… ¡cuando te pesas entras en modo drama!

A lo mejor piensas que con una dieta détox de esas y un drenante de nuevo eres tú… O no…porque lo que bajas en la semana, sube el fin de semana. Vuelta a empezar y tu cuerpo no reacciona igual…claro… es hora de plantarse y replantearse las cosas…porque somos lo que comemos. ¿Qué comemos?

La sociedad se infla a ultraprocesados, además con etiquetas que nos esconden su maquiavélica composición, detrás de reclamos como light, bajo en grasas…( pero híperlleno de azúcares…) y nutricionalmente muy pobres que hacen que siempre estemos cansados, con hambre y comamos más.

Nos unimos a esa corriente que tanto suena: el REALFOOD, que si se lo contamos a nuestras abuelas, es la de comer con cabeza, y comer lo de siempre y cuando toca.

Consiste en comer con consciencia, con conocimiento del producto que comemos, y de su alto valor nutricional. Ojo, no es fácil y te pasará como a mi…que la primera vez, te pasas más tiempo en el hipermecado que todas las veces que has ido antes. Empiezas a leer las etiquetas y comprenderlas.

Nuestras recomendaciones:

  • Si no tiene etiqueta, mejor, eso es que es una materia prima ( quien ha visto la etiqueta de unas manzanas…)
  • Olvídate de esos nombres que se anuncian como sanos, pro y todo lo que te ha dicho la publicidad, es eso, publicidad.
  • Las etiquetas de valor nutricional nos habla de cantidad de Kcal, no de la calidad… preferible son unas almendras a un donuts, pero quizás las almendras parezca que tienen más kcal…
  • El orden de los ingredientes, descubrirlo es como que Marie Kondo te enseñe a doblar los chalecos para que ocupen menos. Los ingredientes aparecen según cantidad que representan, de más a menos, y es en esos momentos cuando descubrimos que el jamón de york no existe o que el fiambre de pavo es más patata que pavo. (Se te queda la misma cara de sorpresa que cuando ves que todos tus chalecos caben en un único cajón…)
  • Reconocer al enemigo número uno, el más huidizo, ese que siempre se oculta…el AZÚCAR. Puede presentarse como almidón modificado, jarabes de glucosa, sacarosa, fructosa…

Vamos, como diría nuestra abuela, cuanto menos letras y menos E mejor, que eso parece un medicamento…Compremos como ellas hacían, de manera local y de temporada.

Pasa de pensar qué triste manzana es tu merienda, y disfruta ahora de elaborarte macedonias de fruta de temporada, sustituir los doritos por zanahorias baby y de comenzar en casa tu propio masterchef. Sin olvidar lo gustoso de ir a una buena frutería y experimentar los olores de la fruta y verdura fresca o lo bien que sienta un buen potaje de lentejas…como el que hacían las abuelas.

Disminuyendo las carnes procesadas, aumentando las legumbres, eliminando los azúcares añadidos y haciendo un poco de ejercicio, poco a poco iré perdiendo a mis indeseables okupas de las caderas, detecto mejor los sabores naturales de los alimentos, ayudo a que el sistema sea más sostenible (la larga y terrible historia de la explotación agrícola) y ante todo, me siento mejor.

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