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Genéricos, ¿marca blanca con garantías?

Hoy tengo ganas de hablar de un tema boticario 100% que aquí en Andalucía vivimos mucho en el día a día y a lo que estamos ya bastante acostumbrados. Se trata de los genéricos, la marca blanca de las farmacias.

Seguro que cuando os duele la cabeza, lo primero que buscáis por casa es un paracetamol o cuando estás mala con el periodo, estás deseando tomarte un ibuprofeno para calmar ese horrible dolor de barriga… Déjame que lo adivine, seguramente tienes menos de 60 años y por tanto, tienes interiorizado el concepto de “genérico” en tu cabeza. No dudas.

¿Qué son los genéricos?

Los genéricos son iguales a los medicamentos de marca, tienen moléculas idénticas y sólo se comercializan si cumplen unas exigencias de calidad, seguridad y eficacia de las autoridades sanitarias. Entonces, genial, ¿no? Sí, hasta que hace unos meses la Agencia Europea del Medicamento recomendara la retirada de 700 genéricos del mercado europeo. Aquí en España se ha suspendido la comercialización de 29 medicamentos, entre los que hay desde antihipertensivos hasta antidepresivos. Si entramos más al detalle, en Andalucía, con la conocida subasta, se comercializan medicamentos genéricos que la FDA (la agencia Americana) no permite en USA.

Todos estos sucesos hacen que nos cuestionemos ¿son los genéricos tan buenos? La mejor defensa que se le puede hacer a un genérico es su bajo precio, pero quizás también sea esa su lacra, porque en un mercado muy competitivo, muchos laboratorios reducen sus costes hasta límites insostenibles, generando desconfianza y sentimientos de indefensión entre médicos, farmacéuticos y quienes más sufren las consecuencias, vosotros los pacientes.

En estos tiempos de crisis se han instalado las políticas en las que lo que prima es el ahorro, olvidando el bienestar del paciente. La Agencia Española de Medicamentos Genéricos se encarga de garantizar la calidad de estos productos, pero no vamos a negar que sería necesario hacer controles más serios, ya que a veces hay laboratorios que ponen en el mercado productos que no reúnen la calidad necesaria, lo que provoca que posteriormente sea necesario retirarlos.

El paciente no tienen ningún derecho para escoger su medicamento, ni el médico y aunque muchos piensan que sí podemos, los farmacéuticos tampoco podemos dispensar el fármaco que queramos. En Andalucía existen las ya mencionadas subastas, donde la Junta de Andalucía escoge los laboratorios de genéricos que elaboran de forma única los medicamentos de determinada molécula y nosotros nos vemos obligados a dispensarlos. ¿Qué gana el SAS con esta medida? Pues por cada cajita de omeprazol, simvastatina del laboratorio escogido, éste le da un céntimo de su exiguo beneficio al gobierno autonómico. Este dinero debe ir destinado a mejorar el Sistema Sanitario Andaluz, y esperamos que el hecho de poner en riesgo la salud y el trabajo de tanta gente sea al menos para algo útil.

Subastas a un lado, aquellos medicamentos no afectados por ellas también tienen que cumplir una normativa.Y es que a pesar de tener el mismo precio que la marca, la farmacia se ve obligada por ley a dispensar el medicamento genérico; el por qué, ni yo misma lo tengo claro. Considero que a igual precio es preferible la marca, porque si bien la composición bioquímica puede demostrar que dos productos son iguales, existen otros factores, como los excipientes, que también hacen que las moléculas difieran. Esto significa que puede darse una variabilidad en la actividad del original con respecto al genérico. En medicamentos con dosis muy precisas, como son los antiepilépticos o anticoagulantes esto es bastante importante.

¿Tan importante son los excipientes?

Si tenemos que abaratar costes, teniendo el principio activo que ser igual, obviamente se atacará a lo que le rodea. La falta de calidad de algunos genéricos, así como algunos efectos secundarios que provocan, se deben a excipientes de calidades pésimas. Por ejemplo, al utilizar gelatinas de baja calidad para la fabricación de cápsulas, provocan que se fundan en el estómago por los ácidos del estómago en vez de en el intestino. Los ácidos gástricos se encargan de destruir el principio activo y no se lleva a cabo la acción. Otro problema es la utilización de lactosa, almidón de trigo y sacarosa como excipientes, puesto que hay muchos pacientes diabéticos y alérgicos y al final se crea un problema en vez de resolverlo.

Pero seamos sinceros, lo de los excipientes puede que sea cierto y provoquen variabilidad, pero lo que realmente nos hace mirar con desconfianza la cajita es cuando decimos que el principio activo viene de China o de India, donde los estándares de calidad distan bastante de los europeos o americanos. Aunque a fin de cuentas Apple también fabrica en China 😉

Hemos hablado de aspectos muy técnicos, para diferenciar marca de genérico, cuando lo que realmente se escucha en el mostrador, es “niña, dame la marca que el barato no veas que pildorón me trae”. Y es cierto, como demuestran los estudios, que los colores de las pastillas, su tamaño producen sensaciones subjetivas diferentes sobre síntomas subjetivos como son el dolor, la ansiedad… No es lo mismo el Prozac que la fluoxetina; aunque sí lo sean, no suenan igual 😉 En definitiva, lo que realmente acarrea este lío de pastillas es confusión, sobre todo en pacienetes polimedicados y de edad avanzada, a los que se les va cambiando el medicamento, se les confunde y hacemos que pierda la adherencia al tratamiento.

¿Cúal es el futuro?

Con el tiempo habrá más genéricos, porque cualquier medicamento comercializado, al caducar su patente, pasa a poder comercializarse como genérico. Es necesario por ello, que la industria del medicamento genérico, sea de calidad y esté sometida a controles rígidos y eficaces para poder generar una confianza en el paciente que los va a consumir y evitar así su rechazo. Debemos reconocer, que dentro de los genéricos los hay tan buenos como el original y también genéricos malos. Las autoridades sanitarias deben presionar para que solo se comercialicen los productos buenos y admitir que existen genéricos malos, permitiendo que el médico pueda recetar el mejor que exista en el mercado y el farmacéutico dispense con confianza a su paciente.

Esperamos que os hayamos aclarado un poco todo lo relacionado con este tema y que pronto podamos decir que no estamos sometidos a más subastas, ni a desabastecimiento que originan tanta desconfianza, a nosotros también, y podamos prevenir males mayores 🙂

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